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Sabía que tenía que esperar días para comentar. Sentí que ahí no había terminado. El caos se desató en el Universitario la noche del sábado, y todos tuvieron la culpa… y al final nadie la tuvo.
Hablamos de huevos. Hablamos de pasión, de entrega, de ser aferrados, de necedad y amor. También hablamos de tristeza. Hablemos ahora de lo ridículo que es todo esto.
La mayoría de los aficionados Tigres han sufrido a través de los años. Consideremos a los que asisten al estadio cada quince días, a los que ya no lo hacen, a los que siguen a su equipo por televisión, a los que trabajan durante esa hora, a los que su papa les dice que hay que apoyar pero todavía no entienden porque,… somos decenas de miles de tristes tigres. Esta mayoría cuenta más de veinte años sin campeonato, finales perdidas y clásicos de liguilla humillados. El de enfrente campeonando en repetidas ocasiones… es tu vecino, el cagante del escritorio de a lado, el de la tienda, tu primo, el que no sabe de futbol pero le alcanza el boleto, todos menos tu… tu seguís aferrado a una ilusión… a “un sentimiento que no puedo parar”.
A través del tiempo me he dado cuenta como la afición Tigre ha formado su carácter. Es más exigente que el de enfrente. No perdona, nunca aplaude un saque de banda y siempre cuestiona. Simplemente, el Tigre siempre ha querido más de lo que le dan… obvio. Recuerdo cuando Tuca, Tigres era un equipazo envidiable; si a los 15 minutos no había gol, la afición empezaba a desesperar… muchos a reventar, incluyéndome. Aun así llegamos a dos finales. ¿Dónde están los jugadores que se llenan de energía cuando se les intenta reventar? Porque yo veo puro artistita preocupado.
Hoy las cosas son algo diferentes. Existe el aficionado que sigue reventando desde el minuto 15. También el que llora cuando no se gana. También el que canta durante 90 minutos sin parar. El que se queda callado todo el juego. El que grita a pulmón abierto, sabiendo que nadie en la cancha lo escucha. El que refuta cada jugada, cada movimiento técnico. Y claro, el que lo aplaude todo y no deja de apoyar.
Unos son zombies, otros somos cazadores, otros ingenuos, otros conocedores y otros, sencillamente, queremos que el equipo juegue bien y muestre espectáculo. Que entretenga (ya ni te digo que sea campeón, triste).
Los Libres y Lokos llevan años cantándole al viento. Hipnotizados. Personas que respiran Tigres todos los días. Se reúnen para practicar entre semana cánticos que ni siquiera se compusieron en México (aunque haya dos de cien que sí). Se alistan 10 horas antes de un partido y empiezan su ritual. Gritan, cantan, bailan, rezan. Nunca han sido campeones. No ha habido ningún Dios del Futbol que los escuche… menos directivos, jugadores, prensa o afición. No me tomen a mal, todos podemos oír sus cánticos: “Pongan huevos… Tigres pongan huevos!” Pero nadie los hemos escuchado en realidad. ¿Que problema tienen estas personas que aceptan estar enjaulados, aceptan estar hipnotizados, aceptan cantarle al aire… sin recibir nada a cambio? ¿Emociones? ¿Triunfos? ¿Campeonatos?... ¿Boletos? ¿Dinero efectivo? ¿Souvenirs… jerseys?
Justo alrededor de los LYL esta ‘el resto’. Personas que respiran el olor de sus lugares de trabajos. Llegan justo a tiempo al juego. Viven tráfico y largas filas. Gastan parte de su quincena en el futbol. Se olvidan de la colegiatura, pagos de servicios, aniversarios y días santos. Cabrones matados que tratan de olvidar tiroteos y granadazos y estudiantes muertos, yendo a un templo que no cree en ellos. Un templo que se burla de ellos. Un templo que no ha enfrentado un milagro en muchos años. Un templo corrompido y confundido. Estas personas son más, menos o igual que los que ‘no quieren trabajar, no quieren estudiar, no se quieren casar y quieren fumar mariguana todo el día y que la gente se enamore de su voz’. Me consta que hay aficionados que cantan “como no te voy a querer” sin haber sido parte del aguante anual del descenso.
Sale un comentario del supuesto sitio oficial de los LYL explicando como los agredieron y decidieron saltarse la malla a defenderse. Lo entiendo todo. Me queda muy claro. Imagina hacerte pendejo años, cantando y gritando hipnotizado y tragando estrés. Tu puedes decir que cantar es algo alegre y produce endorfinas y hace a la gente feliz. Yo te digo que gente que no tiene otra aspiración más que ver a su equipo campeón, y nunca lo ha visto, y reza y reza y reza y recorre hincado la ciudad… no es feliz y así no lo será. Es una bola de nieve de estrés que reventó el sábado pasado. Y no solo ellos, sino todo el estadio. Estrés e impotencia; energías transformadas en violencia y temor… y acciones inéditas, que resultaron en el cese del DT y un Volcán apagado.
No importa si la culpa la tiene Guzmán, los jugadores, el presidente, los aficionados o Don Roberto. Vale un carajo. Lo que importa es que estamos tocando fondo, más fondo que irte a La De Ascenso. LYL violentos, saltándose la malla a donde los Ni Libres Ni Locos los esperan con puños levantados. Claro, que mejor para liberar estrés que con una actividad física brutal, y de pasada, callar a los LYL que nada más no están ayudando. ¿Como se ha de sentir el LYL que sabe que es ridículo seguir cantando, pero no puede parar? Te convierte en una bomba de tiempo; y el tiempo ha llegado.
Me voy de largo y no llego a un punto, mejor trato de concluir. El pueblo esta furioso. La profecía del Coliseo Romano se ha cumplido. La directiva trata de confundirnos cortando cabezas y volviendo a pegarlas. Somos una burla a nivel mundial. Somos un ejemplo de las cosas que se hacen mal. Somos Tigres.
¿Qué va a pasar si no ganan los siguientes juegos? Yo ya no me puedo conformar con que corran al DT, al Presidente, bajen salarios, regalen entradas, ni dinámicas de medio tiempo. Menos con más pichasos y gente horrorizada saltándose a la cancha. Siento necesitamos un Vergara. Un líder único. Alguien que no necesite comprobarse algo a si mismo. Alguien que sepa llorar. Que sepa saltarse a la cancha. Que sepa golpear a marihuanos con rabia y atenderlos médicamente. Que sepa no escuchar a la prensa. Que no crea en Dios y crea en el trabajo en equipo. Que sepa lo miedoso e ingenuo que un jugador puede ser. Pero más que nada, que sepa solucionar problemas. Por el gusto de solucionarlos y saber que puede hacerlo… y no por dinero. El dinero ya vendrá. El dinero siempre vendrá con buen trabajo. Hoy, entendemos que por ahora no es lo más importante.
Hoy Tigres esta en el problema más grande de su historia. Porque más preocupante que irte a la segunda división, es no vender boletos ni camisas. Y me lleno de orgullo empezar a prevenir que la gente va a dejar de ir al estadio. ¡Por fin! Siento que la única manera para ver el cambio, es olvidarnos. Completamente. Dudo que pase, pero mejor esta ilusión que la de ser campeón con el equipo actual. Pues este equipo actual seguirá defendiendo su sistema. Un sistema que cuando funcione, créanme, no dará espectáculo.
Yo vengo a entretenerme. Pero esta inversión, ni con campeonatos.
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